-¡Sonríe! No querrás salir mal en la foto ¿no?
•Si no quiero sonreír ¿por qué tengo que hacerlo? ¿Nunca ha tenido un mal día?
-¡Cientos! Pero nunca me ha impedido salir bien en una foto
• ¿Prefieres fingir una sonrisa a hacerte una foto reflejando como te sientes realmente?
-A veces es mejor aparentar que demostrar los sentimientos
• ¿Qué chorradas dice?
-A mi no me mires, ¡Sólo soy un fotógrafo!
-Eres más que eso, eres el encargado de inmortalizar los sentimientos
•Lo que yo decía, un simple fotógrafo.
domingo, 9 de mayo de 2010
-Contempla el atardecer, es de las cosas más bellas que verás jamás.
•La verdad es que es algo mágico.
-Espera un momento, voy a sacar una foto. ¡Click! Ya está…
• ¿De verdad que no hay nada más hermoso?
-Para mi tú eres mil veces más preciosa que cualquier cosa.
•No digas bobadas, ambos sabemos que no somos ni miss ni míster España…
-Bah… La cuestión es quejarse ¿no?
•Aunque mira, si que podemos relacionarnos con el atardecer.
-Explícate
•Al principio todo es precioso y perfecto, deseas que el tiempo se pare y que el momento permanezca siempre, pero al final, acaba pasando, ese sentimiento mágico se desvanece, al igual que el atardecer, todo acaba en oscuridad.
-¿De verdad piensas eso?
•Aham… cambiaré de opinión cuando captures el último rayo de sol del día para mí.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Se abre el telón. Veo toda la sala sorprendentemente vacia, menos la butaca central, ocupada por tí. No entiendo mi perspectiva, ¡yo debería estar en lo alto del andamio controlando todo! Mierda, me he convertido en una marioneta de mi propia vida.
Unos hilos tiran de mí, me controlan, me mueven por todo el escenario. Una sonrisa en tu cara, incomprensible, al menos para mí. Sigo moviendome en contra de mi voluntad. Los hilos me elevan en el aire, y de golpe, ¡PUM! me dejan caer.
Los hilos siguen atados a mi, pero no me ayudan a levantarme. Te miro, me miras. Pienso. Analizo.
La bombilla se enciende. Miro mis brazos, los hilos, y sigo estos con la mirada. Elevo la vista al techo, veo una polea. Sigo el circuito de los hilos con la mirada. Vuelvo a ti. Te ries. Carcajadas malignas. Levantas una mano. Levantas la otra. Un hilo sale de cada una. Los hilos que controlan mi vida.
Luces, cámaras y ¡acción!
Ha llegado la hora, es el día del gran estreno, es el día en el que saldrás al escenario y tendrás que asumir las críticas de la gente.
Si, lo sabes, es tu primera y última actuación. Si fallas, tu vida será una eterna catástrofe, si aciertas, todo te irá bien.
Se abre el telón. ¿Notas la presión? No es nada comparado con lo que sentirás dentro unos minutos. Actúa, es tu momento, si pasa, te arrepentirás toda la vida…
El tiempo avanza, notas miles de ojos fijos en ti. ¿Cómo te sientes? ¿Es duro eh? Pero eres fuerte, seguro que aguantas.
Se baja el telón. Parece que todo ha ido bien. Te han aplaudido, se han levantado… ¿pero qué piensan realmente? Mañana la crítica lo dirá.
Periódico del día siguiente. La obra ha fracasado. Nadie se ha creído tu actuación. Y piensas ¿Qué ha ocurrido? ¡Si ayer todos aplaudían! Pero deberías saber que no todo es como aparenta. Sí, te aplaudieron, pero porque era tu gran debut, querían darte una ligera sensación de tranquilidad, y para ello, te mintieron.
Y a partir de hoy lo comprenderás. La gente finge, aparenta, sonríe cuando quiere llorar, es algo inevitable.
Y a partir de hoy serás como ellos, quieras o no, tu vida será una obra de teatro que nunca acaba.
Ha llegado la hora, es el día del gran estreno, es el día en el que saldrás al escenario y tendrás que asumir las críticas de la gente.
Si, lo sabes, es tu primera y última actuación. Si fallas, tu vida será una eterna catástrofe, si aciertas, todo te irá bien.
Se abre el telón. ¿Notas la presión? No es nada comparado con lo que sentirás dentro unos minutos. Actúa, es tu momento, si pasa, te arrepentirás toda la vida…
El tiempo avanza, notas miles de ojos fijos en ti. ¿Cómo te sientes? ¿Es duro eh? Pero eres fuerte, seguro que aguantas.
Se baja el telón. Parece que todo ha ido bien. Te han aplaudido, se han levantado… ¿pero qué piensan realmente? Mañana la crítica lo dirá.
Periódico del día siguiente. La obra ha fracasado. Nadie se ha creído tu actuación. Y piensas ¿Qué ha ocurrido? ¡Si ayer todos aplaudían! Pero deberías saber que no todo es como aparenta. Sí, te aplaudieron, pero porque era tu gran debut, querían darte una ligera sensación de tranquilidad, y para ello, te mintieron.
Y a partir de hoy lo comprenderás. La gente finge, aparenta, sonríe cuando quiere llorar, es algo inevitable.
Y a partir de hoy serás como ellos, quieras o no, tu vida será una obra de teatro que nunca acaba.
martes, 27 de abril de 2010
Un momento. Un instante es suficiente para hacerme perder el control. Un susurro, una caricia, es lo único que hacía falta para comprar mi amor, pero he cambiado.
Una cita. Una flor. Un beso. Eran cosas que me hacían caer rendida, aunque ahora mismo me conformo con el asiento de atrás de tu coche.
Una cena, velas, violines, todo precioso, pero esta noche sólo quiero conocer cada rincón de tu piel, y mañana despedirte con un simple “hasta la vista”.
Puede que me arrepienta. Puede que mañana quiera volver a sentirte. Puede que me tiente el llamarte, pero algo que no va a poder ser es que marque tu número, no esperes una llamada que no llegará.
Y puedes ser que seas tú el que quiera volver a verme. Puede ser que quieras besarme de nuevo, pero no lo intentes, confórmate con aquel instante que vivimos detrás de las ventanillas de tu coche bañadas es nuestro sudor.
Una cita. Una flor. Un beso. Eran cosas que me hacían caer rendida, aunque ahora mismo me conformo con el asiento de atrás de tu coche.
Una cena, velas, violines, todo precioso, pero esta noche sólo quiero conocer cada rincón de tu piel, y mañana despedirte con un simple “hasta la vista”.
Puede que me arrepienta. Puede que mañana quiera volver a sentirte. Puede que me tiente el llamarte, pero algo que no va a poder ser es que marque tu número, no esperes una llamada que no llegará.
Y puedes ser que seas tú el que quiera volver a verme. Puede ser que quieras besarme de nuevo, pero no lo intentes, confórmate con aquel instante que vivimos detrás de las ventanillas de tu coche bañadas es nuestro sudor.
lunes, 26 de abril de 2010
¿Qué es para ti la felicidad? Me preguntas mientras me acomodas sobre tu pecho.
Para mí, la felicidad es levantarme por las mañanas con los rayos del sol bañando mi cara. Es desayunar mientras suena mi música a todo volumen. Es ducharme mientras canto Times we had con el bote de champú como micrófono. Es vestirme mientras bailo al son de La Oreja de Van Gogh. Es salir a la calle dejando el reloj en casa, para perderme por las calles de mi ciudad sin pensar en cosas que puedan preocuparme. Es encontrarme con mi gente de siempre, en el sitio de siempre hablando de nuestras cosas, que aunque sean las de siempre, son fantásticas. Es comprar algo de comida y sentarme en la playa para notar la arena jugueteando entre los dedos de mis pies. Es contemplar el atardecer junto a mi cámara de fotos para capturar ese momento mágico, invisible para ojos insensibles. Es llegar a casa a las tantas después de una noche de risas, cervezas y más risas. Es dejarme caer sobre la cama deshecha sin molestarme siquiera en quitarme la ropa. Es cerrar los ojos mientras escucho los ruidos apacibles de la noche. Es dormirme pensando que si esa fuera mi última noche, mi vida habría sido perfecta. Para mí, eso es la felicidad.
¿Y yo? ¿No entro en tu idea de felicidad? Preguntas mirándome de reojo.
¿Tu? Respondo cerrando los ojos, tranquila. Ahora soy feliz, y a pesar de que algún día te marches, a la larga, volveré a ser feliz, y si decides quedarte, te hare un hueco en mi idea, pero hasta entonces, deja los planes de lado y limítate a abrazarme.
Para mí, la felicidad es levantarme por las mañanas con los rayos del sol bañando mi cara. Es desayunar mientras suena mi música a todo volumen. Es ducharme mientras canto Times we had con el bote de champú como micrófono. Es vestirme mientras bailo al son de La Oreja de Van Gogh. Es salir a la calle dejando el reloj en casa, para perderme por las calles de mi ciudad sin pensar en cosas que puedan preocuparme. Es encontrarme con mi gente de siempre, en el sitio de siempre hablando de nuestras cosas, que aunque sean las de siempre, son fantásticas. Es comprar algo de comida y sentarme en la playa para notar la arena jugueteando entre los dedos de mis pies. Es contemplar el atardecer junto a mi cámara de fotos para capturar ese momento mágico, invisible para ojos insensibles. Es llegar a casa a las tantas después de una noche de risas, cervezas y más risas. Es dejarme caer sobre la cama deshecha sin molestarme siquiera en quitarme la ropa. Es cerrar los ojos mientras escucho los ruidos apacibles de la noche. Es dormirme pensando que si esa fuera mi última noche, mi vida habría sido perfecta. Para mí, eso es la felicidad.
¿Y yo? ¿No entro en tu idea de felicidad? Preguntas mirándome de reojo.
¿Tu? Respondo cerrando los ojos, tranquila. Ahora soy feliz, y a pesar de que algún día te marches, a la larga, volveré a ser feliz, y si decides quedarte, te hare un hueco en mi idea, pero hasta entonces, deja los planes de lado y limítate a abrazarme.
viernes, 2 de abril de 2010
¿Recuerdas?
Una luz. Un brillo. Una ilusión. Una sonrisa. Una caricia.
Un algo que ha desaparecido, que ya no está.
Un ruido. Un sonido. Un olor. Un sabor. Una mirada.
Una sensación que se ha perdido, que no encuentro.
Tic Tac. El tiempo pasa, se agota, se marcha para no volver.
Y algún día te lamentaras de no haber aprovechado, de no haber vivido.
Pero yo me niego a lamentarme, me niego a reprocharme a mi misma el tiempo perdido.
Por eso te invito: Ven, coge mi mano. Piérdete conmigo.
Vayamos a un sitio donde el tiempo se pare, donde las manecillas del reloj se detengan.
Sígueme, prometo no perderme. Sígueme, prometo no huir. Sígueme, prometo seguirte.
Una luz. Un brillo. Una ilusión. Una sonrisa. Una caricia.
Un algo que ha desaparecido, que ya no está.
Un ruido. Un sonido. Un olor. Un sabor. Una mirada.
Una sensación que se ha perdido, que no encuentro.
Tic Tac. El tiempo pasa, se agota, se marcha para no volver.
Y algún día te lamentaras de no haber aprovechado, de no haber vivido.
Pero yo me niego a lamentarme, me niego a reprocharme a mi misma el tiempo perdido.
Por eso te invito: Ven, coge mi mano. Piérdete conmigo.
Vayamos a un sitio donde el tiempo se pare, donde las manecillas del reloj se detengan.
Sígueme, prometo no perderme. Sígueme, prometo no huir. Sígueme, prometo seguirte.
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